“Gómez sabe”, dice la tarjeta pegada a un papel azul tornasolado.
Marcela Gómez: Lo envuelvo y es un cárdigan violeta con ribetes azules, amplia talla, lana, picoso, a cierre relámpago, cuello alto y mangas largas.
Luego: Resultó ajustado y lo cambió por pantalón beige que era el único color en estante. Pero antes lo había cambiado por azul que después no gustó, y después lo cambió por un verde amarronado, o lo que fuese, que estaba fallado y después, sí, se quedó con el beige.
Luego: Su talla global es 34 x 32 pero acá no hay x y el dobladillo que se lo haga la tipa de la esquina. Problemas de mercados pobres, las mangas cortas, el color que se va y no vuelve, las prendas que achican; la industria textil argentina es como su fútbol, todo para los dueños, nada para el público que la financia. En GAP Lexington Ave., acá nomás, le compré, ayer nomás, a 25 dollars un jean azul loose fit que es una preciosura. Acá no hay; si hay, si hubiese, ¿cuánto costaría?
Yoti: Recuerdo que me recuerda el otro, de lino, T. Ford. a 17 usd igualito al de Daniel que nunca pudo usar porque se lo compró grande. O, el gabán, tan gavilán, B. Blass de grato paño a 45 o las camisas Pink a 24, doble puño para gemelo, que nunca usaré ni usará.
Ahora, regresan Gómez & Co.
Él se me declaró: Agradezco las atenciones pero no olvido las tensiones. Por ello, sepan todos no escuchar la voz de la neurastenia, disculpas a los ofendidos, palabras de clamor a los depresivos, silencio cuando la garganta pide aliento y una pizza vegetariana al molde para celebrar que, después de todo y antes que nada, la vida es un colosal collar de cuentas menores en el cual muy de vez en cuando aparece una pelota número cinco de treinta y dos gajos.
En otro momento ella me dijo que “nunca hubiera imaginado que tenías tanta grandeza a la hora de armarle la cucha al gatito, bueno, peludo y suave. Muerde, pero no ladra. Es intemperante porque ustedes lo criaron así, en un clima de soledad extrema, y supo temer al raro. Por eso a la marciana la ataca. Pero si me preguntás a mi yo no hubiese cambiado el cardigan. Ella no entiende la ropa entallada, se siente libre en los talles más amplios, más a gusto para levantar los brazos y frotarse las manos en climas fríos. Es un punto de vista muy respetable.”
Gómez: Lo cambiarás pero siempre recordarás el primer presente, no el segundo pasado, y yo, le lanzaré un sifón repleto al monumento a Güemes, llenaré hasta el borde unos cuantos changos en el supermercado solo para después abandonarlos desparramados por ahí y robaré prendas en la terraza para volver, próximo almanaque, con un gran regalo que arroparé en papel de brillo y ofrendaré junto al altar en las calendas de julio.



O el delirante es usted, como se yame, o yo que no entiendo nada excepto palabra por palabra y ni siquiera todas. Lo suyo es tan dificil como jugar 6 boletas de loto y no pegar ningun numero.