Cartas dispersas (VIII)
Malawi es un pequeño país mediterráneo del sudeste de África. Desde 1891 hasta su independencia en 1964 fue un protectorado británico llamado Niasalandia. Se ubica entre las cuarenta naciones más pobres del mundo y con mayor densidad de población; menos de cien mil kilómetros cuadrados para quince millones de habitantes. La expectativa de vida es de alrededor de cincuenta años con una de las más altas tasas de mortalidad a causa del SIDA.
A pesar de todas esas calamidades hoy en Malawi no se discute ni la pobreza, ni el SIDA, ni la mortalidad infantil. El debate, en cambio, gira en torno a si debe ser multada la persona que se tire un pedo en público.
Esta semana se tratará la ley que propone condenar la práctica de flatulencias públicas. El ministro de justicia dijo que la represión de las descargas promoverá conductas decentes. En declaraciones a una radio local aconsejó: “Si usted tiene ganas de tirarse uno vaya al baño”. Y completó su argumento diciendo que debido al multipartidismo y a la libertad de expresión en vigencia la gente se permite el derecho de “soltarse” en cualquier lugar.”Esto no ocurría durante la dictadura -de Kamuzu Banda, (1964 – 1994)- porque la gente temía las consecuencias”, explicó. La propuesta tiene oposición severa porque se sospecha que es un modo sutil, alegórico, casi artístico, de censurar voces disidentes.
Sofisticados observadores de la política internacional se preguntan cómo hacer para controlar una fuerza tan íntima. ¿Se deberán instalar antenas que detecten los escapes? En el caso de que el estruendo avise que alguien violó la ley, ¿cómo harán las autoridades para saber quién fue el cañonero? Alguien me apuntó que deberán inventar un inconcebible dispositivo de liberación de humo colorido que actúe en sincronía con el vientre, de modo que cuando fluya el viento interior el humo se dispare y denuncie al rehén liberado haciéndolo visible. Sin embargo, esta sugerencia no tiene en cuenta que, como toda nube, la nube de pedo es inconsistente y se disiparía antes de la llegada de las autoridades. Por otra parte, de regir la ley, se correría el riesgo de que el denunciante termine siendo denunciado por calumnias; ¿cómo probar que tal o cual persona provocó la detonación siendo el cuerpo del delito una entidad harto etérea y vaporosa? En estos casos es muy fácil poner cara de sorpresa y endosarle la criatura a otro, cuántas veces lo hicimos en un auto, un vagón, un autobús o un ascensor.
Finalizo esta inodora descarga recuperando los versos del poeta.
Es un suspiro, es un lamento,
es una peste que se lleva el viento,
es como un alma en pena,
que a veces sopla y que a veces truena.
6 de febrero de 2011



Muy bueno.
Pero me parece al pedo que te felicite …
Abrazo.
Eliseo
Me gustaría que en los noticieros de TV se apliquen las reglas básicas de gramática que seguramente alguna vez les enseñaron a los presentadores. ¡A veces duelen los oídos!
Lora, me parece que tu comentario está destinado a otro post. De todos modos, tenés razón, es mano de obra barata sin educación y sin inquietudes intelectuales.