Cartas dispersas (V)
Great men are almost always bad men, even when they exercise influence and not authority.
Muammar Gaddafi logra, como a él le gusta, que todo el mundo hable de él. Con las filtraciones de cables diplomáticos que revelan aspectos de su personalidad, preferencias y costumbres se podría armar el perfil de un asesino serial con licencia de jefe de estado.
Alguna vez dijo que quería ser como el Che Guevara y se puede decir que lo consiguió: mucha gente lo compra por lo que él dice que vale y no por lo que realmente es.
Los cables, revoleados por Wikileaks, informan que Gaddafi es inestable, impredecible y con una personalidad marcada por aspectos infantiles. Al parecer tiene tantas fobias como modos hay de escribir su nombre; por efecto de la transliteración al alfabeto latino y por diferencias de pronunciación en el universo árabe, hay entre treinta y cien formas diferentes de escribirlo. Le gustan los discursos sobreactuados, paternalistas y melodramáticos; al verlo, por momentos recuerda al general González, Alberto Olmedo líder de Costa Pobre.
Entre las curiosidades que más llaman la atención hay un grupo de elite que cuida de su seguridad personal, integrado exclusivamente por mujeres fornidas y de armas llevar. El nombre de esta unidad es la “Guardia amazónica”, identidad mitológica que conduce a la Ilíada de Homero y a Heródoto, inspiración con origen probable en la escuela militar helénica en la cual Gaddafi hizo estudios castrenses.
Una misteriosa enfermera llamada Galyna Kolotnytska acompaña al déspota, viaje a donde viaje. Es, dicen, rubia, sensual y la jefa de otro batallón de mujeres que cuidan la salud del tirano.
No importa a donde vaya, Londres, Nueva York o Roma, los encargados de la reserva hotelera siempre toman la precaución de que la suite sea lo más grande posible para que Gaddafi pueda instalar su tienda beduina.
Conspicuo hipocondríaco, suele ayunar los lunes y los jueves. Como a todo déspota megalómano, le encanta otorgarse a sí mismo títulos honoríficos.
Suele jugar a ser profeta. Adelantó que en pocas décadas los cincuenta millones de musulmanes que viven en Europa convertirán al continente al islamismo. Alguna vez quiso que Israel se disolviera en el mar. Años después promovió una entidad nacional en donde israelíes y palestinos puedan vivir en paz. Según él, ese país debería llamarse Isratina.
Es fanático de los anteojos de sol. Le gusta el flamenco y las carreras de caballos pero odia estar en pisos altos o volar sobre el agua. Se casó dos veces y tiene 8 hijos a quienes les encanta dilapidar el dinero de otros. Uno de ellos, Muatassim, le pagó a Maria Carey un millón de dólares para que cante cuatro canciones en su fiesta privada en la isla caribeña de Saint Barts. Si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.
Desde 2003, cuando anunció la suspensión de sus programas de armas de destrucción masiva, Gaddafi goza del favor de los grandes del mundo. A Libia viajaron, entre otros, Nicolas Sarkozy, Antony Blair, y Condoleezza Rice, primera secretaria de estado en visitar Libia desde 1953. Estaban invitados a tomar el té y a hacer negocios, o a hacer negocios y tomar el té, el orden de los factores no altera el olor del producto.
Columna para “El País de las Maravillas”. Con Cristina Pérez en Radio del Plata. 24 de febrero de 2011.


