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Apéndice (VI)

Agosto 8, 2009 · 11 comentarios

¿Quiénes son los que narran?

Los que adoptan a la palabra como materia prima de un arte. ¿Qué es arte? Un enigma, creo, pero que no impide que tome partido y me conteste a mi mismo, si usted no se enoja. Arte … diría, siguiendo al filósofo, es toda aquella industria o artificio que trasciende la literalidad de la palabra como cosa y se consuma con la expresión de la verdad en una precipitación de sentido que fluye de la precisa combinación de determinadas palabras, en donde cada palabra es un engranaje único del mecanismo productor de belleza y verdad. O sea, se trata de una experiencia metafísica, muy superior al mero acto de comunicar como quehacer útil. ¿Se entiende?

Suena complicado.

No puede no serlo. Se lo dije, el arte es un enigma, uno de los más difíciles de descifrar. Narrar es una experiencia artística de la que deviene lo otro; algo que no puede encontrarse en ningún diccionario. “Alegoría y símbolo son el de marco de representaciones dentro del cual se mueve hace largo tiempo la caracterización de la obra de arte.” Sin embargo no estoy para nada seguro de que la palabra re-presente; me parece más bien que es un artilugio, la pieza clave en la elaboración de una imagen del mundo funcional al ejercicio del poder del hombre sobre las cosas. Siguiendo estas pautas la expresión más consumada de la narración sería la poesía, concepto que se rebela a ser rehén de la prosa o el verso ya que estos no la dominan sino que son instrumentos a su servicio. Poeta es el título máximo al que puede aspirar un narrador. Sin embargo hay narradores no poetas, personas que escriben haciendo grandes esfuerzos por evitar la mera literalidad, la repetición de lugares comunes, el uso de la palabra sin pensamiento, como se manipula un cepillo de dientes, como se sala la carne. Pero ¿quién le otorga el certificado?, ¿quiénes son los integrantes del jurado?. No hay dictamen inapelable, ni sentencia categórica.

Discúlpeme pero no se entiende.

Claro, yo tampoco lo entiendo, pero déjelo así. Algún lector lúcido lo va a entender.

Usted habla del arte como mecanismo productor de belleza y verdad. ¿Qué es la belleza y qué la verdad? ¿Cómo las distingue?

La belleza es una experiencia estética que precipita sorpresa y perplejidad. No existe lo bello, existe bello … No existe no se puede, existe no se quiere …

Perdón …

Nada, nada, sigamos.

Habla como un filósofo.

Hablo con los filósofos. Los acompaño. Los sigo. Los repito. Pueblan mi obra la más variada tipología clásica de personajes. El alcahuete perjuro, el fogoso enamorado, el esclavillo trapacero, la amante coqueta, la esposa despótica, la madre indulgente, el tío gruñón, el amigo servicial, el soldado pendenciero, los voraces parásitos, los padres tacaños y las cortesanas provocativas.

A pesar de todo lo que dice es usted un hombre de pocas palabras.

Creo haberle dicho antes que mis padres me enseñaron que cuando no hay algo importante para decir lo mejor es cerrar la boca. En este sentido me declaro pitagórico-gimnosofista.

¿Gimnosofista?

Hay en la India varias clases de habitantes. Entre ellos, una clase de hombres que no saben más que cuidar bueyes y a quienes se llama boyeros. Existen otros que son diestros en el comercio y hay algunos que afrontan valerosamente los combates y luchan con flechas desde lejos o cuerpo a cuerpo con espadas. Pero hay, además, una clase de hombres que sobresale entre todos ellos. Son los llamados gimnosofistas. La palabra tiene origen en el griego y da la idea de un ascetismo en la desnudez. Quinto Curcio Rufo, en su biografía de Alejandro Magno, habla de una clase agreste y hórrida a la que llaman sabios y que ciertos comentaristas identifican con los faquires. Plutarco, en cambio, los asocia con aquellos que en las ciudades rigen las costumbres públicas, identificados con los brahamanes.

Siento por esta especie de hombres la mayor admiración. ¿Cuál es su mérito? Conocen una sola cosa: la sabiduría, que cultivan a fondo, tanto los más viejos, que son los que enseñan, como los más jóvenes, que son sus discípulos.

Lo que más me admira de ellos es que odian la pereza mental y la ociosidad. Por ejemplo, cuando se ha puesto la mesa, antes de servirse los alimentos, acuden todos los jóvenes desde diversos lugares y ocupaciones para participar en la comida comunitaria. Los maestros les preguntan, uno por uno, qué buena acción han realizado desde el amanecer hasta ese momento. Entonces, uno refiere que él, elegido como mediador entre dos rivales, ha resuelto sus diferencias y, tras reestablecer la armonía y disipar las mutuas sospechas, los ha convertido de enemigos en amigos; otro cuenta que ha cumplido algunos encargos, hechos por sus padres; un tercero asegura que, gracias a sus propias reflexiones, ha hecho algún descubrimiento o que ha aprendido algo, merced a las explicaciones de otra persona. Todos dan cuenta de sus experiencias. El que no puede aportar nada que le dé derecho a comer, es echado fuera en ayunas, para que se vaya a trabajar.

¿Y Pitágoras?

¿A qué se refiere?

Usted se declaró pitagórico-gimnosofista.

Sí, es cierto. Joven y bello como Batilo huyó secretamente de Samos porque no contaba con el favor del tirano Polícrates. Su padre, Mnesarco, había alcanzado más gloria que hacienda en el campo de las artes manuales, labrando piedras preciosas con pericia impar. Mientras fue cautivo del rey Cambises, hijo de Ciro, tuvo como maestros a los magos persas, especialmente a Zoroastro, intérprete de los divinos misterios. En Egipto aprendió de los sacerdotes el increíble poder de los ritos religiosos, las maravillosas combinaciones de los números y las ingeniosas fórmulas de la geometría. Los caldeos le revelaron la ciencia de los astros, los cursos invariables de las potencias planetarias, las influencias diversas que ejercen todos ellos en el destino de los hombres y también los remedios curativos que los mortales, con grandes dispendios, sacan de la tierra, del cielo y del mar. Los brahmanes le aportaron los elementos esenciales de su filosofía; las disciplinas de la mente, los ejercicios del cuerpo, las fases sucesivas de la vida, los castigos y los premios que aguardan a los dioses Manes de cada uno, según sus propios merecimientos.

Instruido por tantos maestros, tras haber apurado tantas y tan variadas copas del saber en todos los países del orbe, este hombre, dotado de un genio inmenso, de una inteligencia superior a la capacidad humana, primero a quien la filosofía debe su nombre y su existencia, enseñó ante todo a sus discípulos a guardar silencio. En su escuela, para quien pretendiera alcanzar la sabiduría, el primer ejercicio consistía en dominar por completo la lengua y reprimir, dentro de la muralla de los blancos dientes, las palabras, a las que los poetas dan el calificativo de “aladas”, después de cortarles las alas. El primer rudimento de la sabiduría era aprender a meditar y olvidarse de charlar. No renunciaban a hablar a lo largo de toda su vida, ni todos ellos acompañaban mudos a su maestro, sino que se juzgaba que un período moderado de silencio era suficiente para los hombres reflexivos y se castigaba, en cambio, a los más charlatanes con una especie de destierro vocal durante unos cinco años. Téngalo en cuenta, usted que pertenece a un gremio de charlatanes. La mesura oral lo ayudará a conseguir tantos elogios por sus silencios como aplausos por sus discursos.

Mencione narradores.

Su propuesta me deprime, Homer. ¿Era necesario hacerla?

Continuará

Categorías: Excurso · Política argentina

11 respuestas hasta el momento ↓

  • Marcelo Guzman // Agosto 8, 2009 a 1:21 pm | Responder

    sigo Apendice en silencio desde su inicio. me gusta la historia y su discontinuidad tematica. esta entrega en particularr remite al autor de uno de los teoremmas mas famosos de la historia. lo que no sabia es que su formacion tuvo lugar en oriente

  • Salman // Agosto 8, 2009 a 3:04 pm | Responder

    lo de periodistas gremio de charlatanes es una afirmación tan cierta como políticamente correcta. además, los gremialistas son cómplices de las empresas. los diarios más grandes de argentina pagan sueldos miserables y tienen gente con contratos basura en algunos casos desde hace mas de diez años.

  • mariana // Agosto 10, 2009 a 8:31 am | Responder

    Esta super confuso el dialogo, perdoneme senior posteador, pero no considero eso algo bueno per se.
    Si uste me pregunta quienes narran, yo le diria todos, uste, el barrendero, el mozo.
    Tambien le perguntaria quien le dijo que es posible narrar solamente con palabras? hay otras formas de contar historias.
    Creo que es importante recalcar que pitagoras invento el famoso triangulo, nunca hay que olvidar de semeante merito que tuvo el hombre.
    Me gustaria que me aclarara su pensamiento acerca de la belleza y la estetica, sobre su existencia o no.
    Muy interesantes temas planteados aqui senior narrador.
    Carinios

    • Autor Material // Agosto 10, 2009 a 9:24 am | Responder

      No puedo menos que acordar con usted. El relato es confuso, por cierto. Como señor posteador no hago más que copiar las notas inéditas del periodista Homer, tal como llegaron a mi poder. Vuelvo a coincidir, se pueden contar historias no solo con palabras. Le agradezco que me crea capaz de tener opinión sobre temas tan excelsos como la belleza y la estética, pero esos tópicos se encuentran quite beyond my grasp. Gracias por sus comentarios, siempre superiores a las humildes entradas de esta bitácora.

  • mirta // Agosto 11, 2009 a 5:51 pm | Responder

    qué sorpresa y qué sorprendente.
    A pesar de que efectivamente es confuso el diálogo, se percibe y se anuncian algunas respuestas a las preguntas interminables y desde siempre. el arte, es finalmente, una pregunta; no una respuesta. Es el desarrollo de una sospecha.
    saludos y gracias
    mirta

  • Autor Material // Agosto 11, 2009 a 6:25 pm | Responder

    Muchas gracias, Mirta. Un lujo tu visita. Dos lujos tu comentario.

  • gabrielaa. // Agosto 12, 2009 a 4:35 pm | Responder

    pobre Homer…
    su propuesta me deprime
    jjajaja jajjaja

  • Pepe Palermo // Agosto 14, 2009 a 1:28 pm | Responder

    – Está claro, eso no es bueno, dijo, mientras con su mirada desaprobaba el café recién servido.

  • mariana // Agosto 23, 2009 a 6:15 pm | Responder

    Muy linda historia, creativa, filosofica, desempolvadora de antiguas costumbres y hechos. Genial el post.

    Creo que ahi he encontrado un buen ejemplo sobre la charlataneria que han ejercido los picagoricos, lo cual evidencia que estaban un poco perdidos:

    La primitiva fundación de Pitágoras pertenece de lleno al siglo VI, y juntaba la móvil espiritualidad jónica con vetas de rigurosidad y extravagancia a la antigua. Al lado de prescripciones dietéticas prácticas se hallan misteriosos preceptos sobre las comidas, y la comunidad actúa mitad como partido político y mitad como secta religiosa Así sigue ocurriendo a lo largo de algunas generaciones. A mitad del siglo V comienza una doble crisis. la nueva democracia derriba los gobiernos aristocráticos establecidos por la liga pitagórica en muchas ciudades de la baja Italia. Al mismo tiempo se hace preponderante la ilustración científica jónica y coloca al pitagorismo en la alternativa de volver a la pura observancia primitiva e irse a pique con ella(o bien sumergirse en el mundo
    de la superstición de la pequeña burguesía), o modernizar por completo la doctrina a base de enmiendas o interpretaciones exegéticas. No se ha llegado a una solución unitaria. A partir del siglo V hay varios grupos de pitagóricos. Están los “modernos” que han hallado la manera de sintonizar con su tiempo y han producido figuras muy significativas, como Arquitas y Aristoxenos de Tarento. Se les oponen los “antiguos creyentes”, que trataban de propagar únicamente un credo religioso como norma de vida.

    La transmigración de las almas:
    Se puede admitir que Pitágoras aceptó la doctrina de la metempsícosis. El renacimiento religioso había devuelto a la vida la vieja idea del poder del alma y de que su vigor perdura tras la muerte, en contra de la concepción homérica de las sombras de los difuntos como incapaces de articular palabra. Aquí se presenta Pitágoras con algo inaudito. Lo que permanece fuera del cuerpo no es un resto miserable, sino lo verdaderamente vivo. La vida que sigue a la presente no es un pálido reflejo, sino la verdadera y más intensa vida. La existencia terrena del hombre es sólo una de sus vidas posibles y una de las más pequeñas. El alma es lo más alto, prisionero en el cuerpo. El alma va tomando los más distintos cuerpos de todas las cosas que hay en el cosmos. La forma más alta y propia del alma parecen haber sido los astros, y donde llega la influencia pitagórica hallamos también la doctrina del parentesco del alma con la sustancia de los astros. El alma es eterna por ser semejante a los astros, y tiene en ellos su verdadera morada.

    • Autor Material // Agosto 23, 2009 a 9:20 pm | Responder

      Su comentario hace que el post parezca importante. Lamento la molestia y agradezco el favor. Sin embargo, me veo en la obligación de comunicarle que el relato continúa. El autor perpetró cuatro o cinco entregas adicionales. Una huelga de editores impidió que las creaturas vieran la luz conforme al cronograma de origen. Luego de intensas negociaciones el paro salvaje fue levantado. En breve, la sofisticada audiencia que ingresa a esta bitácora gozará de razones adicionales para arrojar objetos e improvisar insultos.

  • mariana // Agosto 23, 2009 a 9:46 pm | Responder

    Me disculpo yo por no entender el contexto, y contribuir con algo no del todo adecuado

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