Todos en Buenos Aires hablan de la nieve caída, de esas delicadas limaduras de hielo que cubrieron la ciudad y que, de lejos, la incredulidad las hacía pasar por ralladura de goma espuma; porque era más probable eso y no lo otro: una intensa nevisca que un amigo definió insistentemente como de “grado 3″, presunto escalón superior de una jerarquía armada a la ligera en donde uno es lo más volátil y tres lo más consistente.
“Hemos superado el nivel más elemental de nieve para ciudades menores: la proletaria aguanieve, tipo nieve, una réplica barata de lo verdadero: la nieve pesada, grado 2 o 3, como la que consumen en Europa o en Norteamérica”, y continuó así toda la tarde, tratando de encajar eso que caía en una categorización frágil como los flamantes copitos famélicos que animaron la tarde del feriado.
Sentado en un banco olvidé a mi amigo que seguía por ahí explicándole su termonevómetro a todos los que no estaban dispuestos a escucharlo. La escena de la cortina blanca era para ver, no para oir.
“Agua nieve 1, 2 o 3, no es. Observe, hay cierta consistencia. Por lo tanto, pasamos al nivel de la nevisca en donde unos pocos copos forman copitos de poca monta que en ausencia de temperaturas bajo cero se deshacen no bien tocan el piso como si fueran nanocopas de cristal mínimo. Copo, copa, usted entiende.”
Nieve épica, aristocrática, científica, homicida, bélica, trágica, eterna, sucia, orinada, nieve cómica, nieve nueva, viene nieve.
“Ahora, el copo-copa tiene cierta entidad, no es ni de mediana densidad ni, mucho menos, una piltrafa miserable que pide ser sacrificada. Ni uno ni dos. Yo lo pondría al tope de la escala evolutiva de la nevisca: un tres. Nieve, lo que se dice nieve, vi ultimamente en Bariloche, diría que era de grado dos, y en Berlín: nieve seria, científica, de diseño, de catálogo, nieve industrial, como todo lo que hacen los alemanes; esa era de grado tres, cómodamente. Pesada, con personalidad, en pocos minutos de chorrera instalaba alfombra mullida, de tupida nevambre; usted pisaba y se hundía hasta el tobillo y la escuchaba crujir como si fuera un colchón relleno con vidrio molido.”
Un tumultuoso ordenamiento me exigió alinear en sucesivo y de a uno. L’Innocente, Siberiada, The Thing, Fargo, Schindler’s List, Frankestein, The gold rush, Wartime lies, Nanook of the North, The Shining, The Duellists, Don’t eat the yellow snow, Dersu Uzala.
“Disculpe usted, señor. ¿Cuánto creé que va a durar el inusual meteoro?”



14 respuestas hasta el momento ↓
Carmiña Burana // Julio 4, 2009 a 9:17 pm |
La mejor de las nieves de la vida la vi en Innsbruck y la mejor del cine en Les liaisons dangereuses de Vadim, ambas escala evolutiva tres, alta densidad, criocirugía casi.
No las hubiese recordado si su texto no me hubiese conminado a un tumultuoso ordenamiento.
Gracias por ello. A veces los recuerdos se derriten como copos bobos.
Autor Material // Julio 5, 2009 a 9:26 am |
Mis recuerdos de Innsbruck son borrosos, nunca estuve. Sí en Courchevelle, en donde cierto señor llegó de madrugada con los pies momificados por el frío y no tuvo mejor ocurrencia que sumergirlos, ipso facto, dentro de un balde con agua casi hirviente. La amputación a la altura de los tobillos, conducida por el doctor Paul Arpin, fue todo un éxito.
Carmiña Burana // Julio 5, 2009 a 1:34 pm |
Dicen que nadie hace las terminaciones prolijas como Arpin. El sastre, lo llamaban. A Polanski le falta una falange del dedo meñique despues de una tormenta en Aspen.
Arpin operó tambien a John John, entre muchos. El amputador de las estrellas.
Bah, tonterías de las revistas.
Laura // Julio 6, 2009 a 12:49 am |
he visto nevar en paris, en londres, en buenos aires y en bariloche y aun así no me alcanza para diferenciar nada, ni copos, ni tipos, ni grados. reconozco que tampoco me lo propuse, en cada uno de esos momentos sólo me dediqué a disfrutarla como la más terrenal de las mujeres. y me quedo con ” La escena de la cortina blanca era para ver, no para oir” como una de las frases más hermosas. vuelvo a destacar su verborragia escrita….sin dudas lo caracteriza.
Autor Material // Julio 6, 2009 a 4:35 pm |
Gracias, Laura. Verborragia que acompaña a la nevorragia.
Wonder // Julio 6, 2009 a 5:51 pm |
La descripción de la nieve es impecable.
Puedo agregar? Me deja?
Nieve lívida, nieve líbida.
Carlo // Julio 6, 2009 a 6:00 pm |
Llegué a este puerto siguiendo las señales desde el blog de Di Tella. Me topo con una entrada fría y distante. Una mirada creativa de un fenómeno banal como la nieve. Hubiera querido que siga nevando.
Autor Material // Julio 6, 2009 a 7:52 pm |
W: Nieve impecable, entonces, de tintorería. Nieve sucia, de saldo. ¿Nieve libia?
Carlo: Una suerte que no haya naufragado. “Que a una Libia de ondas su camino fió, y su vida a un leño.” La entrada fría la prefiero cerca, a mano; entremés entre nos.
Pepe Palermo // Julio 6, 2009 a 8:41 pm |
Solamente para hacer gala de un cierto espíritu democrático acepto que haya personas a las que les pueda gustar la nieve. Que en ella se patine y por consiguiente pueda constituir un elemento natural deportivo habla de la capacidad del humano de adaptarse a las peores desgracias. Tengo siempre presente aquello de:
“Siempre te están esperando
allá en el barrio feliz,
pero siempre está nevando
sobre tu sueño, en París.”
Autor Material // Julio 6, 2009 a 9:30 pm |
Pepe Palermo y sus cuartetas, señoras y señores.
Wonder // Julio 7, 2009 a 12:13 pm |
Nieve libia???
Qué sería? Como una nieve que no existe?
Una nieve de fantasía? El antónimo de la nieve, lo que la no-define? O que la define por contraposición?
Autor Material // Julio 7, 2009 a 12:37 pm |
Sí. Todo tiene su doble y también su opuesto. Nieve libia es la anti-nieve. No confundir con Viene Lidia, por favor.
Dopp // Julio 7, 2009 a 1:16 pm |
La mejor nieve que vi en mi vida fue en Zürich, el 24 de diciembre de 1994.
Carmiña Burana // Julio 7, 2009 a 1:26 pm |
La nieve libia es única pero la maneja Kadafi a discreción, como todo; una tarde en Trípoli, con la boca llena de baklava, el señorito la prohibió por decreto.