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Lula

Mayo 24, 2009 · Dejar un comentario

El héroe del domingo*

Luiz Inácio Lula da Silva

“Una mente sin instrucción no dará más frutos que los que pueda dar el campo más fértil si no se lo cultiva.”, pensó Cicerón y el editor, atrevido, agrega: Un jefe de estado no será superior por los títulos universitarios que haya obtenido sino más bien por su claridad de objetivos, inteligencia para saber rodearse de las personas más capaces y dedicación. Todo lo cual viene a cuento del  presidente de Brasil, Lula da Silva.

El 27 de octubre de 1945, en un pequeño pueblo llamado Caetés, en el estado de Pernambuco, nació Luiz Inácio da Silva a quien, desde pequeño, comenzaron a llamarlo “Lula” (calamar), diminutivo de Luiz, un apodo muy común en Brasil. A los siete años realizó la clásica larga marcha de los campesinos brasileños: con lo puesto se mudó al estado de São Paulo en donde practicó el oficio de hacer brillar zapatos. Lula fue alfabetizado a los diez y a los doce trabajaba en una tintorería. También fue mecánico y auxiliar de oficina.

Una beca le permitió estudiar tornería mecánica. En 1969 fue elegido dirigente del sindicato de metalúrgicos de São Bernardo do Campo; en 1975, presidente y en 1978, reelecto. Fue uno de los líderes sindicales que retomaron la práctica de manifestaciones públicas a gran escala abandonadas por el endurecimento represivo de la dictadura  militar vigente desde el golpe de Estado a João Goulart, en 1964. Durante algunas de esas mêlées nació la idea de crear un nuevo algo, finalmente fundado en 1980: el Partido de los Trabajadores (PT).

Como la ley prohibía utilizar seudónimos, en 1982, antes de postularse para las elecciones del gobierno regional de São Paulo, cambió su nombre en sede judicial por el de Luíz Inácio Lula da Silva. En 1984 participó, junto a Ulysses Guimarães, en la recordada campaña “¡Directas ya!”. El reclamo no tuvo éxito y las elecciones presidenciales fueron hechas por el sistema de Colegio Electoral. En 1986 fue elegido diputado federal con récord de votos.

En 1989, finalmente, se celebraron elecciones directas a la presidencia de la república. Lula era el candidato que lideraba todas las encuestas hasta semanas antes del comicio. Sin embargo, el ganador fue Fernando Collor de Melo, del Partido de la Renovación Nacional (PRN), quien recibió un fuerte apoyo de la clase media e industriales, intimidados ante la perspectiva de que Lula estableciera un gobierno de “ultra-izquierda”. En 1994, Lula volvió a presentarse y fue nuevamente derrotado, esta vez por el candidato del partido Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el sociólogo Fernando Henrique Cardoso, consagrado intelectual que dispuso de dos períodos consecutivos de gobierno.

Finalmente, el 27 de octubre de 2002, fue electo presidente, derrotando al delfín de Cardoso, José Serra, del PSDB. Asumió en 2003 tras ganar las elecciones con el mayor número de votos de la historia democrática brasileña (52,4 millones) y el 61% de los sufragios. En su discurso inaugural lloró y dijo: “Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República en mí país.” En 2006 Lula decidió repetir y venció en segunda vuelta al socialdemócrata Geraldo Alckmin con más del 60% y superando los 58 millones de votos. Otro record.

Un relevamiento minucioso publicado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística muestra que el gobierno del presidente Lula está haciendo de Brasil un país menos desigual. La tasa de pobreza del año 2007 bajo un 11% comparada con la del 2006. Su principal programa social, “Beca Familia” atiende a 13,2 millones de hogares y es considerado el mayor programa de transferencia de renta del mundo. En 2007 su presupuesto fue de más de diez mil millones de reales.

Más hechos y menos palabras parece ser el slogan “lulaniano”. El viernes 21 de noviembre de 2008 Luiz realizó un anunció que hizo temblar al establishment energético planetario. Fue durante la clausura de la Primera Conferencia Internacional sobre Biocombustibles celebrada en São Paulo. Allí informó que la producción mundial de etanol crecerá un 200% en los próximos seis años, comiéndole terreno a los combustibles fósiles. En el punto de mira brasileño está el continente africano, vasto en hectáreas de tierra baldía y generoso en sol y mano de obra, elementos esenciales para el cultivo de la caña de azúcar.

Sin hacer ruido, Brasil se prueba en África el traje estilo Imperio. Con el objetivo de plantar e implantar mundialmente la energía verde, pero también para hacer negocios y consolidar su influencia en la región; precisamente cuando China también busca materias y brazos en el continente negro. El pulso está soterrado pero es real. Brasil es el segundo productor mundial de etanol, sólo detrás de Estados Unidos. También es el país que más conocimiento y experiencia tiene en la investigación de los biocombustibles. Siete de cada diez vehículos brasileños se mueven hoy con alcohol.

Hay ya quince países africanos que están dispuestos a producir etanol con tecnología y supervisión brasileña. En Ghana, por ejemplo, hay una delegación permanente que supervisa los proyectos lanzados en la región. Ahí, una constructora brasileña (Constran) invirtió más de 300 millones de dólares en infraestructura necesaria para procesar anualmente entre 150 y 180 millones de litros de etanol a partir de la caña que se recoja en 30.000 hectáreas cultivadas. La firma sueca Svenks Etanolkemi AB (Sekab) ya se ha comprometido a comprar la producción Made in Ghana durante diez años. Con claridad y gran oportunismo Lula alentó a los europeos a invertir porque “no sólo ayudarán al desarrollo de África sino porque resolverán el problema de la inmigración ilegal”.

Más: Un consorcio en el que participa la petrolera hispano-argentina Repsol YPF descubrió un nuevo campo petrolífero de crudo de alta calidad en aguas profundas de la Cuenca de Santos, a unos 310 kilómetros de la costa del Estado de São Paulo, el segundo gran hallazgo en el país.

A diferencia de los jefes de estado que se oponen ciegamente a la globalización, como si esta no fuese un fenómeno de todos los tiempos, Lula insiste y subraya: no quiere destruir el orden mundial tal como lo conocemos. Lo desea más distributivo. A pesar de que acusaciones de corrupción entre sus más cercanos colaboradores le provocaron numerosos problemas, Lula se ha convertido en una suerte de nuevo vocero del mundo gracias a los exitos económicos y sociales que ha logrado. Podría decirse que es un populista pragmático, no dogmático; ductilidad que le permite realizar exitosos cambios en materia de reformas impositivas y de jubilaciones. A Lula se le da el crédito de ser el primer jefe de estado en lograr una combinación que parecía imposible de conseguir: activismo social con realismo fiscal. Brasil es uno de los países con peor distribución de la riqueza. A ello Lula responde diciendo que sólo el crecimiento económico podrá eliminar la pobreza y que unicamente jugando fuerte con el sistema económico global los países tienen chances de crecer.

Lula sabe que la rueda y la pólvora ya fueron inventadas. La política no es magia, ni gritos exasperados, ni echarle la culpa al otro cuando la fortuna elude. No se le escapa que política es el arte de lo posible pero, también, de lo imposible.

*Programa “Propuesta Abierta”, FM Cultura, domingos de 9 a 11 de la mañana.

Categorías: Política

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