autor material

Gord

Abril 18, 2009 · Dejar un comentario

El héroe del domingo*

Gordon Brown

James Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte nació el 20 de febrero de 1951 en Govan, un distrito de Glasgow, la ciudad más grande de Escocia, país que ha dado tan buenos escritores como excelente scotch, blend o malta. Es el segundo hijo del reverendo John Brown, ministro de la Iglesia de Escocia quien, de acuerdo a nuestro héroe del día, fue una inspiración en su carrera política y una brújula moral para todos los aspectos de la vida.

Brown creció en los difíciles años ‘50, decáda de necesidades y apremios que obligaban a la gente a rebuscárselas de cualquier modo para poner comida sobre la mesa. En la adolescencia, junto a sus hermanos Andrew y John, Gordon ayudó a los desempleados que por entonces formaban legiones. Estimulado por los sermones de su querido padre también les dio una mano a los desamparados inmigrantes africanos fundando un diario, “The Gazette”, destinando a programas de asistencia lo obtenido por ventas de ejemplares.

Su afiliación política nunca estuvo en duda. A los 12 ya repartía volantes del partido laborista en Kirkcaldy, una ciudad en la costa oeste de Escocia a donde se fue a vivir con su familia cuando tenía 3 añitos.

A los diez le hicieron el consabido test de inteligencia y para su desgracia le dio demasiado alto, hecho que le valió recibir clases en aulas y jaulas experimentales junto a otros anormales como él. En 1967, en un ensayo nunca publicado, se recordó a sí mismo en aquellos años como una “víctima de ensayos educativos obtusos y ridículos que trataban a los alumnos como si fueran ratas de laboratorio”.

Una furibunda patada en la cabeza durante un partido de rugby le causó desprendimiento de retina, accidente que le marcó la vida para siempre. Fatigó hospitales durante cinco años, perdió la vista en un ojo y retuvo apenas el 30% de la visión en el otro. Sin embargo, no se dejó abrumar por la gravedad del problema y continuó al frente de su pequeño diario editando deportes. Para poder ver los partidos de su equipo de fútbol, los Raith Rovers, repartía programas en la puerta del estadio y después entraba gratis.

Hombre de romances recurrentes, entre sus conquistas tuvo su turno una princesa rumana exiliada con quien estudiaba en la universidad. Pero la obsesión desenfrenada de Gordon por la política terminó liquidando la relación. La princesa comentó que debieron interrumpir el noviazgo por que Brown no tenía tiempo para ella. “Su vida, dijo la noble novia, era sólo política, política y más política.” Entre panfletos y libros, en 1972 Gordon obtuvo su título de grado con honores en la carrera de historia en la universidad de Glasgow y en 1982 su doctorado.

En 1983, a los 32 y después de una corta experiencia como productor de televisión, llegó a la Cámara de los Comunes. No bien comenzó a trabajar como legislador le tocó compartir oficina con otro prometedor muchacho, un abogado llamado Anthony Charles Lynton Blair.

Eran años sombríos para el laborismo. Sus votos habían caído al nivel  más bajo en 60 años. Brown y Blair estaban persuadidos de que el partido debía cambiar y esa convicción los volvió inseparables. Comenzaron a viajar juntos y cada uno escribía los discursos del otro. En la dupla Brown cumplía el rol del intelectual. Le enseñó a Blair a moverse en el riesgoso mundo de los medios de comunicación, a construir frases cortas e ingeniosas y a escribir gacetillas de prensa que llamaran la atención para no perderse en la multitud confusa y desordenada de papeles que tapizan los escritorios de los periodistas. El potencial de los muchachos fue rápidamente detectado por el líder laborista Neil Kinnock quien los puso en su gabinete en las sombras. Acompañados por Peter Mandelson, un ex productor de televisión, cumplieron la misión de renovar al viejo partido y cambiar las estrategias de comunicación.

Cuando llegó el momento de la renovación generacional las dos nuevas estrellas se disputaban el liderazgo laborista. La puja se resolvió en mayo de 1994 en el restaurante Granita, distinguido establecimiento gastronómico del distrito londinense de Islington, muy concurrido por figuras del establishment político británico, cerrado en 2004.

Blair fue la elección cantada. Casado, padre de tres, jovial, sonriente, amable, con toda la pinta del bueno de la película que ayuda a la anciana a cruzar la calle y regala caramelos a los niños; apuesto, vestido con trajes a medida, zapatos de horma, camisas doble puño y relucientes gemelos, Tony contrastaba notablemente con el serio y adusto escocés, usualmente despeinado, de trajes arrugados y uñas cortadas a mordiscones.

A cambio de que Brown le dejara el camino libre Blair le dio su palabra de que lo convertiría en el más poderoso Director del Banco Central de la historia. La promesa se cumplió y GB ingresó al libro Guinness de los records como quien más tiempo estuvo en ese cargo durante los últimos 200 años. Brown & Blair pusieron en línea una poderosa máquina electoral para la cual nadie trabajó tanto como Gordon, destinándole al objetivo jornadas de hasta 18 horas. Finalmente, en mayo de 1997, Blair ganó las elecciones por diferencias abismales y el laborismo volvió al poder después de dieciocho años.

Una década después llegó la hora de elegir al sucesor de Tony. De acuerdo a documentos revelados por el diario The Independent, Blair trató en secreto de dejar a un lado a Brown como sucesor e hizo todo lo posible para ubicar al ministro de salud, Alan Milburn. Sin embargo, con el laborismo cayendo en picada en las encuestas y la inflación y el desempleo subiendo como aviones la figura de nuestro héroe se revaluó y Blair debió impulsar al viejo y maltratado amigo.

Brown tuvo que recurrir a los mejores expertos para dejar de ser un personaje hosco, aburrido, sin chispa ni carisma y transformarse en uno que al menos sonriera un poco cuando las luces de las cámaras se encendían. Incluso tuvo que permitirse ser más locuaz sobre su vida privada. Sus persistentes silencios llegaron a crear el rumor de que era gay, chisme chirle que se encargó de desmentir. Brown, que apuntaba como solterón vitalicio, se había casado en 2000, a los 49, con Sarah Macaulay. La pareja tiene dos hijos varones, John and James.

Es primer ministro desde junio de 2007; es fanático del I-Pod y de unas cuantas series de televisión; es un entusiasta futbolero; es autor de un reciente e interesantísimo libro titulado “Coraje. Ocho retratos”, en el cual relata las historias de vida de Nelson Mandela, Martin Luther King, Robert Kennedy y Raoul Wallenberg, entre otros personajes de la historia que se destacaron por su determinación y valor y, como si todo esto fuera poco, tiene un singular sentido del humor, afirmado y comprobado cuando dijo que el día que Hollywood haga la película sobre su vida George Clooney, no otro, deberá ser quien lo interprete.

*Súbito maltrato gráfico de espontánea verborragia cacofónica. Programa “Propuesta Abierta”, FM Cultura, domingos de 9 a 11 de la mañana.

Categorías: Política

0 respuestas hasta el momento ↓

  • Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.

Dejar un comentario