Satiricon
Petronius
85
Cuando me llevaron a Asia al servicio de un cuestor, encontré alojamiento en Pérgamo. Viviendo a gusto allí, no sólo porque la vivienda era confortable, sino también gracias al bellísimo hijo del anfitrión, me ingenié la manera de no infundir sospechas al señor de la casa. Por ello, cada vez que en una conversación se hacía mención de la pederastia, me ponía pálido, con tan severa tristeza me negaba a que ultrajasen mis oídos con palabras obscenas, que la madre, principalmente, me miraba como si yo fuese un filósofo. Ya había empezado a llevar al muchacho al gimnasio, a organizarle los estudios, a enseñarle y a prevenirle, a fin de que no se admitiese en casa a ningún depredador sexual. (más…)


