Anábasis de Alejandro Magno
Arriano
Traducción y notas: Antonio Guzmán Guerra
La conjura de los pajes
Existía una tradición, que se remontaba a los tiempos de Filipo; al llegar a la adolescencia los hijos de los macedonios ricos e influyentes eran seleccionados para pasar al servicio del Rey. Implicaba este servicio, a más de la asistencia a la persona del monarca, actuar de guardia cuando se retiraba a dormir. Acompañaban también al rey cuando éste montaba a caballo, haciéndose cargo alguno de ellos del caballo cuando lo traían los palafreneros, y ayudaban al rey a montar del modo persa, siendo sus competidores en las jornadas de cacería. Uno de ellos era un tal Hermolao, hijo de Sopólide, dedicado al parecer al estudio de la filosofía y asiduo acompañante por este motivo de Calístenes. Sigue así la anécdota que de él se cuenta: en el transcurso de una cacería un jabalí se lanzó sobre Alejandro, y fue Hermolao quien abatió a la fiera antes de que Alejandro pudiera reaccionar. El jabalí cayó malherido por Hermolao, lo que le valió la animadversión de Alejandro, molesto consigo mismo por no haber sabido reaccionar a tiempo. Cegado por la ira, Alejandro mandó azotar a Hermolao en presencia de los demás Pajes, despojándole de su caballo. Dolido Hermolao por la injuria recibida, habló a Sóstrato, el hijo de Amintas, joven de su misma edad a más de su amante, de que no merecía la pena seguir viviendo sin castigar a Alejandro por su insolencia.
Consiguió convencer a Sóstrato fácilmente, como amante suyo que era, de que participara en este plan (1), y entre ambos convencieron a Antípatro, el hijo de Asclepiodoro, que había sido sátrapa de Siria; luego a Epímenes, hijo de Arseo; a Anticles, hijo de Teócrito, y a Filotas, hijo de Carsis el tracio. Convinieron todos en que cuando le correspondiera el turno de guardia de noche a Antípatro asesinarían a Alejandro, atacándole cuando ya estuviera acostado.
Según relatan algunos por su cuenta, acaeció que Alejandro estuvo bebiendo aquella noche casi hasta el amanecer; por su parte, Aristóbulo narra este pasaje de la siguiente manera: una mujer siria, inspirada por don de la divinidad, seguía por entonces constantemente los pasos de Alejandro, aunque éste y los de su séquito la tomaban al principio en broma. Mas como vieran al cabo de algún tiempo que cuanto ella decía hallándose en trance se cumplía, Alejandro empezó a prestarle atención, permitiéndole el acceso a su persona a cualquier hora del día o de la noche, hasta llegar a convertirse en vigilante del sueño del rey mientras este dormía. Pues bien, fue en esta ocasión cuando ella, hallándose en trance adivinatorio, se encontró con Alejandro que se retiraba de la fiesta y le aconsejó que volviera sobre sus pasos y continuara bebiendo durante toda la noche. (2) Alejandro vio en este aviso una señal del cielo, por lo que se volvió a reemprender la fiesta, dando así al traste con el complot de los Pajes.
Al día siguiente Epímenes, el hijo de Arseo, uno de los conjurados, comentó a Caricles, hijo de Menandro, a la sazón su amante, todo el complot. Caricles lo contó a Euríloco, hermano de Epímenes, y este Euríloco se presentó en la tienda de Alejandro y narró con lujo de detalles el asunto a Tolomeo, el hijo de Lago, miembro de la guardia personal de Alejandro. Al momento informó éste de todo a Alejandro, quien ordenó acto seguido la detención de aquellos que Euríloco había mencionado. Sometidos a tortura, confesaron su complot y citaron los nombres de los demás conjurados.
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(1) Coinciden Arriano y Curcio en atribuir a los conjurados motivos puramente personales, aunque no se puede descartar que hubiera detrás de ellos unos intereses superiores. Tenemos una carta de Alejandro (hoy considerada, sin duda, genuina) en que escribe a algunos de sus generales que se ha tratado de una conjura “a cargo de unos Pajes”, sin mayor trascendencia. En otra carta, sin embargo, Alejandro acusa a los atenienses de ser los instigadores de la conjura, llegando a ver en ella incluso la propia obra de Aristóteles.
(2) Fueron detalles como éstos los que indujeron a los estoicos a hacer a Alejandro objeto de sus reproches, afeándole su pronta cólera y su pasión por la bebida.



che me parece a mi o el filologo republicano que dirige este blog me cesnsuro?
que cagada, no, cierto que no escribo tan lindo como el, a mi no se me ocurriria nunca inventar una palabra como conchudesa
bueno, no tengo mucha esperanza, seguro que este tambien me lo censuran, asi son los democratas