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Entre dos eternidades

Mayo 27, 2008 · Dejar un comentario

Meditaciones
Marco Aurelio

Traducción y notas: Ramón Bach Pellicer

Libro III

5. Ni actúes contra tu voluntad, ni de manera insociable, ni sin reflexión, ni arrastrado en sentidos opuestos. Con la afectación del léxico no trates de decorar tu pensamiento. Ni seas extremadamente locuaz, ni polifacético. Más aún, sea el dios que en ti reside protector y guía de un hombre venerable, ciudadano, romano y jefe que a sí mismo se ha asignado un puesto, cual sería un hombre que aguarda la llamada para dejar la vida, bien desprovisto de ataduras, sin tener necesidad de juramento ni tampoco de persona alguna en calidad de testigo. Habite en ti la serenidad, la ausencia de necesidad de ayuda externa y de la tranquilidad que procuran otros. Conviene, por consiguiente, mantenerse recto, no enderezado.

10. Desecha, pues, todo lo demás y conserva sólo algunos preceptos. Y además recuerda que cada uno vive exclusivamente el presente, el instante fugaz. Lo restante, o se ha vivido o es incierto; insignificante es, por tanto, la vida de cada uno, e insignificante también el rinconcillo de la tierra donde vive. Pequeña es asimismo la fama póstuma, incluso la más prolongada, y ésta se da a través de una sucesión de hombrecillos que muy pronto morirán, que ni siquiera se conocen a sí mismos, ni tampoco al que murió tiempo ha.

Libro IV

2. Ninguna acción debe emprenderse al azar ni de modo divergente a la norma consagrada por el arte.

31. Ama, admite el pequeño oficio que aprendiste; y pasa el resto de tu vida como persona que has confiado, con toda tu alma, todas tus cosas a los dioses, sin convertirte en tirano ni en esclavo de ningún hombre.

34. Confíate gustosamente a Cloto (1) y déjala tejer la trama con los sucesos que quiera.

41. Eres una pequeña alma que sustenta un cadáver, como decía Epícteto.

Libro V

33. Dentro de poco, ceniza o esqueleto, y o bien un nombre o ni siquiera un nombre; y el nombre, un ruido y un eco. E incluso las cosas más estimadas en la vida son vacías, podridas, pequeñas, perritos que se muerden, niños que arman la riña, que ríen y al momento lloran. Pues la confianza, el pudor, la justicia y la verdad, “al Olimpo, lejos de la tierra de anchos caminos” (2). ¿Qué es, pues, lo que todavía te retiene aquí, si las cosas sensibles son cambiantes e inestables, si los sentidos son ciegos y susceptibles de recibir fácilmente falsas impresiones, y el mismo hálito vital es una exhalación de la sangre, y la buena reputación entre gente así algo vacío? ¿Qué, entonces? Aguardarás benévolo tu extinción o tu traslado. Más, en tanto se presenta aquella oportunidad, ¿qué basta? ¿Y qué otra cosa sino venerar y bendecir a los dioses, hacer bien a los hombres, soportarles y abstenerse? Y respecto a cuanto se halla dentro de los límites de tu carne y hálito vital, recuerda que eso ni es tuyo ni depende de ti.

Libro VI

6. La mejor manera de defenderte es no asimilarte a ellos.

47. Medita sin cesar en la muerte de hombres de todas clases, de todo tipo de profesiones y de toda suerte de razas. De manera que puedes descender en esta enumeración hasta Filistión, Febo y Origanión. Pasa ahora a los otros tipos de gente. Es preciso, pues, que nos desplacemos allá donde se encuentran tan gran número de hábiles oradores, tantos filósofos y venerables: Heráclito, Pitágoras, Sócrates, tantos héroes con anterioridad, y, después, tantos generales, tiranos. Y, además de éstos, Eudoxo (3), Hiparco, Arquímedes, otras naturalezas agudas, magnánimos, diligentes, laboriosos, ridiculizadores de la misma vida humana, mortecina y efímera, cómo Menipo, y todos los de su clase. Medita acerca de todos éstos que tiempo ha nos dejaron. ¿Qué tiene, pues, de terrible esto para ellos? ¿Y qué tiene de terrible para los que en absoluto son nombrados? Una sola cosa merece aquí la pena: pasar la vida en compañía de la verdad y de la justicia, benévolo con los mentirosos y con los injustos.

54. Lo que no beneficia al enjambre, tampoco beneficia a la abeja.

Libro VII

36. Concierne al rey hacer bien y recibir calumnias.

69. La perfección moral consiste en esto: en pasar cada día como si fuese el último, sin convulsiones, sin entorpecimientos, sin hipocresías.

Libro IX

14. Todo es lo mismo; habitual por la experiencia, efímero por el tiempo y ruin por su materia. Todo ahora acontece como en tiempo de aquellos a quienes ya sepultamos.

Libro XI

23. Sócrates llamaba a las creencias del vulgo “Lamias” (4), espantajos de niños.


(1) Cloto, una de las tres Parcas.

(2) Hesíodo. “Trabajos”.

(3) Eudoxo de Cnido, médico, matemático, astrónomo y geógrafo. Discípulo de Platón. En el Timeo es posible que influyera con sus teorías. Hiparco de Nicea, que vivió en la época de los Ptolomeos, astrónomo y matemático. Arquímedes de Siracusa, el famoso matemático e inventor mecánico del siglo III a.c.

(4) Monstruos fabulosos femeninos que pasaban por raptores y devoradores de niños. Algo así como “el coco”, fantasma con que se mete miedo a los niños.

Categorías: Verbatim

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