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A dos bandas

Abril 23, 2008 · 2 comentarios

La vita di Castruccio Castracani da Lucca
Niccolò Machiavelli

Traducción y nota: Alberto Anunziato

… Mientras tanto los florentinos habían recuperado San Miniato; por lo que a Castruccio le pareció oportuno detener esta guerra hasta asegurar la situación de Luca. Intentó con los florentinos una tregua, que aceptaron gustosos, ya que estaban exhaustos y deseosos de detener los gastos de la guerra. Acordaron una tregua de dos años, poseyendo cada ciudad lo que poseía a ese momento. Libre de la guerra, Castruccio decidió no volver a temer una revuelta y, recurriendo a diversos motivos, eliminó a todos los ciudadanos de Luca que pudiesen por ambición aspirar al principado, sin perdonar a nadie. A algunos los privó de los bienes y de la patria, a los que pudo ponerles las manos encima los privó de la vida; afirmando que sabía por experiencia que ninguno de ellos le sería fiel. Y para sentirse más seguro levantó una fortaleza en Luca, sirviéndose para ello de los materiales de las torres de aquellos que había expulsado o muerto.

Mientras se fortificaba en Luca, y estando en paz con Florencia, no perdía oportunidad de realizar lo que podía engrandecer a la ciudad sin batallar abiertamente. Deseaba ocupar Pistoia, creyendo que la posesión de esa ciudad era como tener un pie en Florencia. Para ello se ocupó de atraer la voluntad de los que habitaban la montaña, y trataba a las fracciones de Pistoia de tal manera que cada una de ellas confiaba ciegamente en él. La ciudad se hallaba entonces dividida, como siempre, entre Blancos y Negros. Jefe de los Blancos era Bastiano di Possente, de los Negros, Iacopo da Gia. Los dos mantenían estrechos vínculos con Castruccio y querían expulsar a sus enemigos, de tal modo que por las muchas sospechas finalmente fueron a las manos. Iacopo se hizo fuerte en la Porta Fiorentina, Bastiano en la Lucchese. Ambos confiaban más en Castruccio que en los florentinos, creyéndolo más veloz y ágil para la guerra. Ambos lo mandaron llamar secretamente para asegurarse su ayuda. Castruccio les prometió socorro a los dos diciendo a Iacopo que acudiría en persona y a Bastiano que enviaría a su protegido Pagolo Giunigi, fijando con ellos la hora del encuentro. Envió luego a Pagolo por el camino de Pescia y él marchó directamente a Pistoia. A la media noche, como habían convenido, ambos se encontraban en Pistoia, recibidos como amigos. Una vez en la ciudad, Castruccio hizo un gesto a Pagolo, después del cual uno mató a Iacopo da Gia y el otro a Bastiano di Possente y todos los partidarios de ambas fracciones fueron en parte asesinados y en parte presos.* Recorrieron la ciudad sin oposición y al llegar a la Signoria Castruccio obligó al pueblo a jurarle obediencia, haciendo muchas promesas y remisión de las deudas viejas para los habitantes de la ciudad y de toda la campaña, que en buena parte habían corrido a ver al nuevo príncipe. Así, todos estaban llenos de esperanzas y conmovidos por las virtudes del nuevo gobernante.

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*En los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio”. Libro Segundo, 13, Maquiavelo sostiene que casi nunca un hombre humilde logra grandes objetivos sin recurrir al fraude. Ciertamente, la astucia es una de las cualidades más estimadas para el político renacentista. En el capítulo XVIII de “El Príncipe” sostiene que, dada la maldad natural del hombre, el príncipe debe manejar discrecionalmente la palabra dada, ya que es seguro que también él será traicionado.

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